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El despertador de sueños Noviembre 1, 2008

Posted by davidgl in El despertador de sueños.
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Como sabéis los que seguís este blog, a finales de este verano comencé a colgar algunos relatos pertenecientes a la serie El despertador de sueños. Esos mismos relatos y otros nuevos irán apareciendo en el blog homónimo que para la ocasión he creado. ¿Seguiré escribiendo en éste? Sí, tengo que anunciaros el resto de presentaciones del libro, lo del disco de Joseba, en fin, que sí. ¿Seguiré escribiendo en El poeta accidental? Por supuesto, creo que ya os dije que para mí la vida es poesía, o algo parecido. La cuestión de por qué un blog para El despertador de sueños es porque si hasta hace nada sólo escribía para que me quisierais, a partir de ahora escirbiré, y espero cada vez más, también y sobre todo para aprender a querernos. Aquí abajo os dejo el enlace. Buenas noches, gente.

El despertador de sueños

La Gran Final Septiembre 4, 2008

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Era la última vez que pisaba como profesional un campo de fútbol. A partir de ahora se dedicaría en exclusiva a su familia, a la que acababa de incorporarse un biznieto, y a sus amigos. De jugador había logrado numerosos trofeos, y como entrenador no había andado a la zaga. El colofón a su brillante palmarés era la Copa del Mundo, que esa noche de gloria había ganado para su país.
Con las celebraciones terminadas, las gradas vacías y el césped desierto, decidió dar una vuelta más al campo, recorriendo mentalmente su paso por el deporte rey. Sus primeros partidillos en el patio del colegio, sus inicios en las categorías inferiores del barrio, luego su cambio de cadete a profesional… Y así, fue recordando cada uno de los momentos cruciales a lo largo de su carrera.
“¿En qué momento -se preguntaba- despegó realmente todo esto? ¿Cuándo se disparó mi trayecoria deportiva? Nunca imaginé, ni en los mejores sueños, llegar hasta aquí”, pensó. Y entonces supo con claridad la respuesta.

Tenía veinte años. Su equipo, recién ascendido de segunda, había dado la campanada en la competición copera, plantándose en la final contra uno de los mejores de primera. Siendo tan joven, para él aquélla era, lógicamente, La Gran Final de su vida; no contaba el enorme horizonte futbolístico que le esperaba por delante.
Sin embargo, aquella noche todos los factores se confabularon contra él. El presupuesto del rival era desmesuradamente mayor. El graderío estaba plagado de hinchas del otro bando, cuando los suyos apenas si ocupaban una pequeña porción del fondo norte. Además el equipo contrario salió al completo de titulares, internacionales la mayoría, y ellos tenían lesionados a sus dos mejores figuras. Por si esto fuera poco, el árbitro se decantó sin pudor alguno por los otros, inventándose un penalti inexistente, expulsando por doble amarilla al delantero centro de su equipo, y pitándoles constantes fueras de juego que no eran tales.
Con este panorama, es fácil deducir que perdieron la final.
Mientras sus compañeros se lamentaban en el vestuario por tan descarado robo de partido, por primera vez él se sintió fuertemente enojado consigo mismo. Esa noche, tal vez por los nervios de su primera final, por la inexperiencia ante la presión de la prensa y el estadio, o por todo un poco, él había fallado en los pases largos, desperdiciado muchos balones en el medio campo, tirado mal la única falta que les pitaron a favor, y tampoco había estado muy fino en los saques de esquina.

De cualquier modo, pensaba ahora en la distancia del tiempo, aquella final estaba perdida desde el pitido de inicio. Pero lo cierto es que aquel día nació una estrella del fútbol. Una estrella que empezó a ganar cada vez más grandes finales, y que cuando volvía a perder una, en lugar de cargar contra las circunstancias, se peguntaba para sus adentros: qué pude haber hecho mejor.

(El despertador de sueños)

Cómo tratar a un ángel Septiembre 3, 2008

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Rafa sólo llevaba seis horas como educador en el reformatorio, y ya le estaban poniendo a prueba. El director le había encomendado ver al interno de aislamiento, al que le había sentado mal la cena. A esa habitación, le habían dicho, era trasladado aquel cuya conducta era manifiestamente intolerable.

.-¿Estás perdido? -Se dio la vuelta, y vio bajar por la escalera a un hombre, que tenía pintas de coordinador.

.-Busco la celda de aislamiento, soy el nuevo.

.-Es fácil perderse en la parte vieja del edificio, demasiados pasillos. Esta zona fue en su día un orfanato, El Hogar del Ángel Custodio -le aclaró-. La parte nueva tiene más luz y está mejor distribuida. Te acompaño, estamos cerca.

.-Un poco tétrico para un nombre tan angelical, ¿no? -comentó Rafa, siguiendo el camino del hombre, que parecía ser un veterano del equipo educativo.

.-Cierto. Pero si me dejas, te enseñaré cómo se trata a un ángel.

.-Por lo que he leído en su ficha, ese chico es más bien el mismo Diablo.

.-Si vas a dedicarte a esto, -le miró fíjamente, sin decelerar el paso- te recomendaría que no te guíes por las apariencias ni les prejuzgues por su pasado. Los ángeles, como los tesoros del mar, a veces están ocultos en lo más profundo. No siempre es fácil ver el brillo en el ojo de un ángel.

.-¿Me estás hablando en serio? ¿Tú crees en lo ángeles?

.-Por supuesto. Ya hemos llegado -se detuvo ante una puerta de acero, que abrió con la llave que llevaba colgada a la cintura.- Hola. Hemos venido a ver qué tal estabas. -El chico estaba tumbado en la cama, y de primeras parecía importunado por la visita.- Tus compañeros te echan mucho de menos. ¿Te encuentras mejor?

.-Sí. Ya no me duele -relajó su expresión, quizá por saber que se acordaban de él, o porque se estaban preocupando por su salud; o, probablemente, por ambas cosas.

.-Me alegro. Si vuelve a dolerte, llama al timbre, ¿vale? -El chaval asintió, con una sonrisa de agradecimiento.- Y si mañana sigues bien, por la tarde subirás con el resto.

.-Ya estoy bien de la tripa.

.-Me refiero a lo otro. -El hombre se inclinó hacia el chico, y bajó un poco la voz.- Ya sabes. Las cosas se arreglan hablando, como estás haciendo ahora, no a puñetazos.

.-No lo volveré a hacer -le prometió, también en complicidad y voz baja.

.-Estoy seguro de ello -afirmó, arropándole con las sábanas-. Buenas noches. Qué tengas felices sueños.

Cuando salieron de la habitación, regresaron al punto donde se habían encontrado.

.-No se parece en nada al chaval que me había imaginado -admitió Rafa, gratamente sorprendido.

.-Te lo dije.

.-¿Entonces ese chico, según tú, es un ángel?

.-No tengo la menor idea. Pero yo trato a todas las personas como si lo fueran. Después de todo, -le explicó el hombre, antes de perderse escaleras arriba, y haciéndole un guiño del que saltó un destello- nunca sabes cuándo puedes haber estado con uno.

(El despertador de sueños)

La Fábrica de Sueños Septiembre 1, 2008

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Cuando Paula contó que quería casarse con José, su padre la amenazó con desheredarla. Ella pertenecía a una familia acomodada, y José era el chico de los recados en una tienda de magia. Se habían conocido el día que Paula fue a que le ensancharan la horma de unos zapatos voladores, que había comprado en la capital. Los jóvenes se casaron, y el padre de ella, no sólo la repudió y desheredó, sino que consiguió, por su posición influyente en el pueblo, que a José le echaran de la tienda.
Marcharon a la ciudad, a un pisito de alquiler en el barrio antiguo. Enseguida él encontró empleo como aprendiz de mago, y ella comenzó a combinar el cuidado de dragones enanos con el inicio de sus estudios de hada. Al final de cada mes, Paula enviaba una carta a su padre, contándole cómo les iba, pero el tiempo pasaba y nunca obtenía respuesta.
Tres años más tarde, Paula consiguió al fin su diploma y empezó a buscar trabajo de hada, pensando en dejar de cuidar dragoncitos, que no es que no le gustara, porque era encantador verles crecer, si bien les ponían la casa perdida con tanta ceniza. En cuanto a José, había conseguido, a fuerza de su carácter autodidacta, hacerse un hueco entre los magos de la ciudad, y actuaba por la ruta de los locales nocturnos. Sin embargo, Paula creía que su chico estaba desaprovechado; al fin y al cabo, la mayoría del público que iba a verle eran trols y cíclopes sin la más mínima sensibilidad. Una noche, mientras fregaban los platos de la cena, Paula le dijo:

.-Me han llamado de la Fábrica de Sueños.

.-¡¿En serio?! -se sorprendió José, al que casi se le cae el plato que estaba enjabonando.

.-Sí. Quieren que coordine la sección de Deseos Imposibes. El genio que ha estado al frente estos últimos años va a jubilarse.

.-¡Eso es fantástico! -exclamó, dándole un emocionado beso a Paula.

.-Sí, pero… -agachó la mirada ella, retorciendo el trapo que llevaba en la mano.

.-¿Qué?

.-Que hasta ahora nuestros horarios eran parecidos. Tú te ibas a actuar y yo me quedaba cuidando los dragones. Pero ahora, cuando tú trabajaras, yo tendría que descansar; y viceversa. Y nos sobraría muy poco tiempo para nosotros…

.-No debes desaprovechar una oportunidad como ésta. Además, yo tampoco puedo pegarme la vida sacando unicornios de la chistera; encontraré algo por las mañanas.

.-He pensado en hacerles una propuesta. Yo acepto el trabajo, si me dejan que tú seas mi asesor de confianza.

.-Es una locura, Paula. No tengo los conocimientos suficientes.

.-¿Pero te gustaría? Sé que podrías aprender.

Y así es como ambos comenzaron a trabajar, codo con codo, en la Fábrica de Sueños, concediendo deseos imposibles, o “casi imposibles”, prefería decir Paula; que para eso estaban ellos, para hacerlos realidad. José se destapó como un estupendo asesor, filtrando aquellos deseos que no tenían cabida en la fábrica, como los oscuros o malintencionados, y los que eran meros caprichos, en lugar de peticiones sinceras. Paula, que se sentía muy orgullosa de él, demostró por su parte un gran tino a la hora de conceder los buenos deseos, atendiendo a los peticionarios, con toda la amabilidad y diligencia de la que es capaz un hada. Por supuesto, la política de la empresa les impedía aplicarse a ellos mismos tales concesiones.
Pasado un tiempo compraron un piso junto al mar de rosas, donde al amanecer los soles iluminaban los pétalos de las olas. Un mañana de finales de marzo, durante el desayuno antes de ir al trabajo, José se fijó en cómo Paula metía la carta en el bolso y se entristecía al remover el café de la taza.

.-¿Qué te ocurre? -le preguntó, acariciándole la mejilla.

.-¿Sabes? -reflexionó apenada-. Es paradójico que nos dediquemos a conceder deseos a la gente y, en cambio, no podamos concedérnoslos a nosotros…

.-¿Y cuál es tu deseo imposible?

.-Lo conseguí hace diez años -le sonrió ella, tomándole la mano con ternura.

Pero José sabía la causa de la tristeza de Paula. Así que aquel día, cuando salieron de la fábrica, sin decirle nada a su chica, José se dirigió a la residencia del genio que la había precedido en el cargo. A la semana, sonó el timbre de casa, y Paula fue a abrir. En cuanto vio al hombre que tenía enfrente, se abrazó a él llorando de alegría.
Era su padre, que al parecer también había cambiado de domicilio, al poco del enlace entre ella y José. Hacía unos días le había llegado un aviso para recoger un paquete con correo atrasado: en cada línea de las decenas de cartas, el anciano fue partícipe de la última década en la vida de su hija, que ella le había escrito con todo su amor.

Mientras José contemplaba la escena del reencuentro, recordó la conversación que mantuvo con el genio:

.-¿Está seguro de lo que me está pidiendo? Ese hombre repudió a su mujer, y a usted le dejó sin trabajo.

.-Sin ese hombre -le respondió José- Paula no habría nacido, y yo nunca hubiera visto cumplido el maravilloso deseo, casi imposible, de compartir mi existencia con alguien como ella. Pero además, y tal vez esto aún sea más importante, gracias a él y todo lo que ocurrió a partir de hace diez años, esa mujer, que a los dos nos une, hace realidad cada día los mejores deseos de mucha gente.

(El despertador de sueños)

Material sensible Agosto 30, 2008

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Su hermano era un desastre en la cocina. Entre los dos habían preparado el menú para la despedida de Javi, el pequeño de los tres, que iba a casarse con la argentina que conoció en un viaje a la Pampa. El caso es que Carlos había confundido el mozzarella con el parmesano para la pasta; cortado las patatas del asado en rodajas grandes, y no pequeñas, como le había pedido; y al poner las claras a punto de nieve en la mousse, había roto la espuma. Resultaba evidente que lo suyo era la poesía, y no los fogones. Al menos tenía la tranquilidad de saber que, como Carlos, Javi y sus amigos tampoco apreciarían la diferencia, y quedarían encantados con el resultado.

.-Vaya pinche me he echado -meneó la cabeza, mientras metía a enfriar el postre.- A otra vez igual te cojo para escribir la carta… -se rascó la barbilla- Pero que rime, eh. -sonrió antes de cambiar de tema- Por cierto, ¿cuándo sacas nuevo libro?

.-Está siendo un año muy duro, ya lo sabes…

Frunció el ceño y miró a Carlos, meditando sus palabras. Se querían mucho, pero sus personalidades chocaban desde niños. Lo que más le disgustaba, precisamente porque le quería, era que su hermano se frenara ante las dificultades.

.-A mí también me está costando digerir la marcha de Javi. -confesó finalmente- Pero es su vida, y ha decidido crear una familia al otro lado del mundo. Deberías alegrarte por él, y no llorarle como si fuera a morirse.

.-No es sólo eso; es todo. Recuerda que las últimas críticas que me dedicó la prensa tampoco fueron muy buenas. Necesito descansar, reponerme de estos últimos golpes y coger fuerzas.

.-Suerte la tuya, porque yo no tengo tiempo para reponerme, ni puedo entregar mis platos por email cuando me plazca. Tengo que servir las mesas cada día y ponerle buena cara a mis clientes, aunque ya no vaya a estar aquí mi hermano, el mejor de los socios que nunca tendré.

.-Que seas el mayor no te da derecho a hablarme así.

Carlos se había sentido atacado, probablemente porque él había ido elevando su tono de voz casi sin darse cuenta. Así que volvió a tomar aire, y le vino a la memoria el primer poema que leyó de su hermano, cuando todavía iban al colegio; fue el regalo que Carlos había “cocinado” para el día de la madre, y desde entonces no había parado de obsequiarles con lo mejor de sus versos.

.-Mira, Carlos, yo estoy orgulloso de mi paladar. A veces me lo quemo, otras pruebo un alimento y me deja un sabor amargo. Pero también gracias a él distingo gran variedad de sabores, y no todos son malos; la mayoría son maravillosos. Porque también él me hace saborear lo dulce, lo suave, lo extraordinario de cada plato, eso que al resto os pasa desapercibido. Tú deberías estar orgulloso de tu corazón, exactamente por la misma razón; es fantástico cómo detecta, prueba y saborea los sentimientos, que luego plasmas en tus libros. Todos tenemos un don, y ése es el tuyo. Ambos trabajamos con material sensible. Y la gente, hermano, necesita alimentarse, no sólo con mis guisos, sino sobre todo, con eso que tú sabes preparar como nadie, y que son las emociones hechas palabra.

(El despertador de sueños)

ETP Agosto 29, 2008

Posted by davidgl in El despertador de sueños.
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Apareció de la nada, caminando desde el horizonte nevado. Llevaba sombrero de ala ancha, la gabardina abierta hasta las espuelas, y media melena al viento. A pesar de la barba de unos días, aquellos ojos profundos la cautivaron a medida que su portador avanzaba por la calle principal, cuando se dio cuenta que se dirigía a la tienda. Sheila se metió corriendo en el establecimiento, se estiró el delantal y se fue detrás del mostrador, disimulando, como si no le hubiera visto llegar.

.-Buenos días-, saludó el hombre, descubriéndose la cabeza, y dejando sobre el mostrador el sombrero, con las letras ETP bordadas en su frontal.

.-Buenos días-, respondió ella, aparentando sorpresa.-¿En qué puedo ayudarle?

.-Necesito una pala.

.-¿Una pala?

.-Sí. ¿Tiene?

.-Sígame.- Le condujo hasta los estantes de las herramientas, recordando a los soldados que habían pasado hacía una semana para requisar los víveres. “No es como ellos, ni como los chicos del pueblo. Sus manos son demasiado finas como para combatir o labrar la tierra”, pensó Sheila, mientras le observaba examinar los distintos modelos de pala. -¿Es de por aquí cerca?-, se atrevió a preguntarle finalmente.

.-México-, contestó el hombre, sin distraerse de una de la palas, que parecía haberle convencido.

.-¡¿Y qué le ha traído hasta Canadá?!-, preguntó, ahora sí, realmente sorprendida.

.-Soy periodista. He venido a cubrir la guerra.

Después de un breve silencio, el forastero volvió a hablar para confirmar que se quedaba con la pala que tenía entre sus manos. Regresaron al mostrador, y al cobrarle, Sheila no pudo evitar lamentarse:

.-¡Malditos ingleses… ! ¿Usted de qué parte está?

.-De la paz, señorita; he visto demasiada sangre derramada. ¿Sabe dónde podría conseguir un caballo? El mío ha muerto por el frío, -le contó, echándose la pala al hombro.- He de enterrarlo.

.-¿Cómo lo hace? -le preguntó, tras indicarle el trayecto hasta el establo, tres cuadras más abajo-. Lo de no alterarse, digo. ¿Cómo lo hace? ¿Es que no le afecta todo lo que está ocurriendo?

El desconocido recogió su sombrero del mostrador y, mostrándole las letras a Sheila, le explicó:

.-Estos son tiempos de guerra y hambrunas, señorita. Pero mañana vendrán tiempos mejores, y pasado nuevas calamidades, y al otro saldrá otra vez el Sol por detrás de las colinas. No hay nada en la faz de la Tierra que no esté en continuo movimiento. ETP son las siglas en español de una frase que siempre tengo en mi cabeza, tanto en los días de dicha, para no dejar de pisar el suelo, como en los días de tristeza, para no dejarme hundir en él.- Hizo una pausa y, fijando sus ojos profundos en Sheila, le dijo en un tono sosegado pero rotundo: “Esto también pasará”.

(El despertador de sueños)

El corazón en la costa Agosto 24, 2008

Posted by davidgl in El despertador de sueños.
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Últimamente tengo más abandonada la red de lo que quisiera, y todo porque, como sabéis, estoy volcado en los últimos compases de la publicación de Sistema Métrico Emocional (en pocos días espero daros la buena nueva). A la vez han ido surgiendo otros proyectos literarios con otra gente, además de alguno mío que ya viene de lejos, de los que el tiempo irá seleccionando cuáles saldrán a la luz. De momento hoy cuelgo este cuento, basado en un sueño que tuve hace unos meses, y que pertenece a la serie El despertador de sueños. Van a ser relatos basados en las vivencias propias y ajenas (pero no serán autobiográficos, quede claro), con la única pretensión de reflexionar sobre aquello que más suele costarnos manejar, que son los sentimientos y emociones. Estos textos los he empezado a escribir para mí, y se podrían considerar borradores, pero se me ha ocurrido que lo mismo alguien puede sacar también algo provechoso de ellos; si no, espero al menos que os entretengan.

José tuvo un sueño y se lo contó a sus hermanos.
Génesis, 37:5

El corazón en la costa

Aquella noche le costó dormirse. Manuel estuvo largo rato dando vueltas a la cabeza. No comprendía por qué, a sus treinta años, todavía no había encontrado a la mujer con la que abrazarse en esa cama, que él sentía tan vacía. En su historial amatorio figuraban una novia de adolescencia, la ex con la que no llegó a entenderse, alguna que otra fémina que le había rechazado, y las petardas habituales, como él solía llamarlas, que solamente aparentaban suspirar por sus huesos.
Ahí le tienen, preguntándose por qué el amor tardaba tanto en llamar a su puerta. Obviamente, Manuel estaba atascado en ese solo por qué. No se ocupaba de cuestiones como: ¿por qué elijo mal?, ¿el amor, se pide o se da?, o ¿alguna vez amé de veras? En sus tribulaciones nocturnas, mientras el cansancio iba dando paso al sueño, él solamente se quejaba, una y otra vez, sin salir de su minúsculo mundo de lamentaciones. Y así, finalmente, entró en un profundo letargo, cuando…

.-¿Dónde estoy? -se sorprendió, despertándose agitado.

.-¿Es que no vas a darle un beso a tu abuela?

Efectivamente, aquella mujer era su abuela paterna, aunque mucho más joven a cuando él la conoció. Entre los dos siempre había existido una gran complicidad, y, aún después de muerta, no hubo día en que Manuel no la tuviera presente de alguna manera. Su vestido era violeta y, en lugar de cano y con moño, su pelo, suelto en una larga melena, era de un rubio radiante. Se acercó a ella para darle el beso, y miró a su alrededor. Estaban en el centro de lo que parecía una enorme biblioteca, con las paredes desde el suelo a lo alto del techo llenas de anaqueles con libros, y una con un balcón abierto que daba a un mar inundado por el sol de la mañana.

.-¿Qué hacemos aquí?- preguntó Manuel desconcertado.

.-Yo estar en tu casa. ¿Y tú?- le replicó con dulzura su abuela.

.-¿Mi casa? Ésta no es mi casa. Yo no tengo tantos libros, ni vivo en la costa. No es mi casa, abuela.

.-Sí, lo es. Éste es tu corazón. Aquí estamos todos a quienes amas.

.-¿Te refieres a los que… ?- Por un momento dudó en acabar la pregunta, pensando en los seres queridos que habían fallecido.

.-A todos, aquí no hay tiempo. Asómate- le pidió, tomando su mano para sacarle al balcón. Por la playa caminaban varias personas, algunas que Manuel reconoció al instante, otras que le resultaron familiares, y unas pocas con las que sentía una gran conexión afectiva, pero no lograba identificar.- Allí está Eduardo -le señaló a lo lejos su abuela-, tu compañero de pupitre en primaria, ¿le recuerdas? Y ahí Clara, y allá…- y de este modo fue repasando uno a uno a los paseantes, hasta llegar a un niño que jugaba con un rastrillo de juguete.- Mira, y ése eres tú con cinco añitos. Qué lindo se te ve. Costó mucho que llegara hasta aquí. Pero al fin aprendiste a quererte y ahí le tienes, todo el día haciendo de las suyas. Es un trasto, no se le puede dejar solo.

.-¿Qué significa todo esto? No entiendo nada.

.-¿Ves ese anciano paseando de la mano de su nieta? También eres tú, y ella mi tataranieta. ¿Bonita verdad? Él es un buen hombre que ha aprendido a aceptarse a él y a los demás. ¿Vas comprendiendo?

.-¿Mi nieta? ¿Tengo una nieta? Pero si ni siquiera he tenido… Entonces… eso significa… que encontré a la mujer de mi vida, ¿no?

.-Ajá-, asintió ella.

.-¿Podría verla? -preguntó Manuel impaciente.

.-No estoy segura de que debas.

.-Abuela, te lo pido por favor. Mi corazón está cansado ya, yo sólo pido que me lo arranquen para siempre o saber quién será mi pareja, para reconocerla cuando la encuentre. Nada más.

.-No te pongas dramático. ¿De verdad piensas que él está cansado de amar?- le preguntó, mirando al anciano que continuaba paseando feliz con la nieta. Y tras unos segundos de meditarlo, su abuela aceptó-. Está bien, entra y espera. Te la traeré.

Al poco la abuela de Manuel regresó a la estancia. Llevaba un bebé en los brazos, que le pasó con suma delicadeza. “Tómala, aquí la tienes”.

Cuando acogió a la niña en su regazo, Manuel sintió despertar su corazón, como una flor abriéndose a la primavera. De repente todo su cuerpo latía en una calma profunda, y por primera vez amó, porque sí y sin más motivos, a aquella personita pegada a su pecho. La sonrisa de la bebé, la claridad de esos ojos, le contagió hasta la última célula de su cuerpo, que sólo sabía, y no podía hacer otra cosa, que quererla. Entonces, su abuela le dio un beso en la frente a la pequeña y a él se limitó a dedicarle estas palabras:

“Ahora no vuelvas a decir que no sabrás reconocerla”.

(El despertador de sueños)